Barcelona.- Cuando aún está pendiente de debatir en el Parlament de Cataluña una ley para prohibir las corridas de toros, los diputados del PSC (socialistas), PP (populares) y ERC (izquierdas), han votado, todos ellos, a favor de una proposición de Ley que proteja las fiestas populares con toros, llamadas “correbous”. El CIU (nacionalistas), promotora de esta vergonzosa iniciativa, ha querido, con ello, conseguir votos y “mimar” así la comarca catalana del bajo río Ebro, limítrofe con la Comunidad Valenciana, cuyos habitantes dicen sentirse “abandonados” por los políticos y donde estos festejos gozan de gran popularidad, quizás por influencia de sus vecinos. Por otro lado, la postura de ERC no deja de ser pasmosa ya que en diciembre de 2009, votó la ILP (Iniciativa de Legislación Popular) a favor de suprimir las corridas de toros, y ahora, no tan sólo vota a favor de los “correbous” sino que solicita que estén catalogados dentro del patrimonio festivo catalán y como fiestas tradicionales de interés nacional. Dos modalidades de estos festejos son bárbaras y crueles; el toro de fuego, “bou embolat” (un arnés en la testuz con bolas de brea encendida que chorrea sobre la cabeza y lo enloquece), y el toro ensogado, “bou capllaçat” (es arrastrado por las calles por una doble cuerda atada a su cabeza). Sin embargo, ahora, los tres partidos, en busca de unos cuantos votos, apoyan otra tradición que también debe erradicarse.
La única posición coherente con su trayectoria mantenida de respeto con los animales, ha sido la de IC-Verds (eco-socialistas) que han votado en contra de esta proposición.

Es decir, aún no se han prohibido las corridas de toros en Cataluña, y los partidos políticos ya están blindándose contra una posible prohibición de los “correbous”. Hacer de la política un “cortijo” para sus posibles o esperados resultados electorales, olvidando, como buenos estadistas que deberían ser, la voluntad y los deseos democráticos de la inmensa mayoría de la población catalana que repugna estas prácticas, es un hecho que les puede reportar sorpresivas consecuencias. El momento que ha sido elegido y los tristes fines que se pretenden en contra del sentir del resto de Cataluña, posiciona y tensiona esta iniciativa como extemporánea y fuera de lugar. (Febrero, 2010).

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